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Absceso anal y fístula anal


Absceso anal y fístula anal: ¿por qué aparecen y qué relación tienen?

Cirugía General y Digestiva | Clínica Digestiva de la Riviera Maya


Un
absceso anal y una fístula anal son dos manifestaciones de una misma enfermedad. El absceso representa la fase aguda, cuando se acumula pus por una infección; la fístula es la formación de un conducto anormal que puede persistir después de que el absceso ha drenado.

Aunque ambas enfermedades tienen tratamiento, es importante reconocerlas oportunamente porque pueden provocar dolor intenso, infecciones recurrentes y, en algunos casos, requerir procedimientos quirúrgicos especializados.

¿Qué es un absceso anal y por qué se forma?

Dentro del canal anal existen pequeñas glándulas que producen secreciones. Cuando alguna de ellas se obstruye y se infecta, las bacterias pueden extenderse hacia los tejidos que rodean el ano y formar una acumulación de pus llamada absceso anorrectal.

Este mecanismo, conocido como origen criptoglandular, explica la gran mayoría de los abscesos y fístulas anales habituales.

Los síntomas más frecuentes son:

  • Dolor intenso cerca del ano, especialmente al sentarse, caminar o evacuar.

  • Aparición de una bolita o inflamación dolorosa.

  • Enrojecimiento y aumento de temperatura en la zona.

  • Salida de pus, en ocasiones acompañada de sangre.

  • Fiebre o malestar general, particularmente cuando la infección es más extensa.

Algunos abscesos se localizan profundamente y no producen una bolita visible, por lo que el dolor puede ser el síntoma principal.

Un absceso anal no debe confundirse con una hemorroide. Aunque ambos pueden producir dolor e inflamación, son enfermedades distintas y requieren tratamientos diferentes.

¿Cómo se convierte un absceso en una fístula?

Cuando el absceso se abre espontáneamente o se drena mediante cirugía, la infección puede resolverse. Sin embargo, en algunos pacientes permanece una comunicación anormal entre el interior del canal anal y la piel que lo rodea.

Esta comunicación recibe el nombre de fístula anal.

La fístula funciona como un pequeño túnel que permite la salida recurrente de secreciones y, ocasionalmente, favorece la aparición de nuevos abscesos.

No significa necesariamente que el drenaje se haya realizado incorrectamente: la fístula puede formar parte de la evolución natural de la enfermedad.

¿Qué tan frecuente es que aparezca una fístula?

26–46%

Frecuencia reportada de fístula después de un absceso anal

34.5%

Frecuencia observada en un estudio multicéntrico de 475 pacientes

Estas cifras corresponden a poblaciones estudiadas y no representan el riesgo individual de cada paciente.  Esto significa que, aproximadamente, uno de cada tres pacientes podría presentar una fístula después de un absceso anal, incluso cuando recibió tratamiento adecuado.

Por esa razón, la vigilancia posterior al drenaje es importante, especialmente si persisten secreciones, dolor o inflamación.


¿Cómo saber si tengo una fístula anal?

A diferencia del absceso, que suele provocar dolor intenso de aparición relativamente rápida, la fístula puede producir molestias durante semanas o meses.

Es frecuente que el paciente describa que aparece una pequeña lesión cerca del ano, se inflama, comienza a drenar pus, mejora temporalmente y posteriormente vuelve a presentarse.

También puede existir comezón, humedad persistente, irritación de la piel y manchado de la ropa interior.

Si un supuesto absceso se repite en el mismo sitio o continúa drenando, es importante descartar una fístula anal.

¿Es peligroso un absceso anal?

Sí puede serlo si no se trata oportunamente.

El absceso es una infección activa que generalmente requiere drenaje quirúrgico, es decir, abrir la cavidad infectada para permitir la salida del pus.

En determinadas circunstancias, la infección puede extenderse hacia los tejidos vecinos y producir celulitis, infecciones profundas o sepsis. En casos excepcionales puede evolucionar hacia una infección necrosante grave.

Los antibióticos por sí solos no sustituyen el drenaje de un absceso establecido. Su utilización depende de las características del paciente y de la infección, especialmente cuando existen datos sistémicos, celulitis o alteraciones de las defensas.

La presencia de fiebre, dolor progresivo, inflamación extensa o deterioro del estado general amerita valoración médica urgente.

¿Se puede tratar el absceso y la fístula en la misma cirugía?

En algunos pacientes, sí.

Durante el drenaje del absceso puede identificarse una fístula. Si su trayecto es superficial y no compromete de manera importante los músculos que controlan la evacuación, puede ser posible tratar ambas enfermedades durante el mismo procedimiento.

Sin embargo, cuando existe inflamación considerable o la fístula atraviesa una porción significativa del esfínter anal, intentar resolver todo en una sola cirugía puede aumentar el riesgo de lesión muscular y problemas de continencia.

Por eso, algunas veces lo más seguro es drenar primero la infección y tratar la fístula posteriormente, cuando la inflamación haya disminuido y sea posible identificar mejor su anatomía.

Esta decisión forma parte de la planificación quirúrgica y debe individualizarse.

¿Cómo se opera una fístula anal?

El tratamiento depende principalmente de la profundidad y dirección del trayecto fistuloso, así como de su relación con los esfínteres anales.

Estos músculos permiten controlar la salida de gases y materia fecal. Preservar su función es tan importante como eliminar la fístula.

Las principales alternativas son:

Fistulotomía. Consiste en abrir el trayecto fistuloso para que cicatrice desde su interior. Es uno de los tratamientos más efectivos para fístulas simples y superficiales. En pacientes correctamente seleccionados puede alcanzar tasas de curación superiores al 90%.

Colocación de sedal o seton. Se introduce un material flexible a través de la fístula para mantener el drenaje y controlar la infección. En determinadas situaciones funciona como una etapa previa a otra cirugía. Existen sedales cortantes, pero su utilización es muy selectiva debido al riesgo de alterar la continencia.

Técnica LIFT. Permite identificar y ligar el trayecto fistuloso entre los músculos del esfínter, intentando conservar su integridad. Es una alternativa para determinadas fístulas que atraviesan el esfínter, con tasas de éxito aproximadas del 76%.

Colgajo de avance. Consiste en cerrar la abertura interna de la fístula mediante tejido sano del recto. Se utiliza en ciertos casos complejos en los que abrir el trayecto podría dañar los esfínteres.

Existen otras técnicas, pero ninguna resulta adecuada para todos los pacientes. Algunas tienen tasas de recurrencia importantes y otras todavía cuentan con evidencia limitada.

La elección del procedimiento no depende únicamente de eliminar el trayecto, sino de lograr el mejor equilibrio entre curación, riesgo de recurrencia y preservación de la continencia fecal.

¿Siempre se necesita una resonancia magnética?

No necesariamente.

Muchas fístulas simples pueden identificarse mediante la historia clínica y una exploración anorrectal cuidadosa.

En cambio, cuando la fístula es profunda, recurrente, presenta varios trayectos o existe sospecha de compromiso importante del esfínter, puede ser necesario realizar una resonancia magnética de pelvis con protocolo para fístula anal o una ecografía endoanal.

Estos estudios ayudan a localizar el trayecto, identificar abscesos ocultos y planificar una cirugía más segura.


¿Qué relación existe con la enfermedad de Crohn?

La enfermedad de Crohn es una enfermedad inflamatoria crónica del aparato digestivo que también puede afectar la región anal.

Los pacientes con Crohn tienen mayor riesgo de desarrollar fístulas complejas o recurrentes. En un estudio multicéntrico, la presencia de esta enfermedad se asoció con una probabilidad considerablemente mayor de diagnóstico de fístula después del drenaje de un absceso.

En estos casos, el tratamiento puede requerir la participación conjunta de gastroenterología y coloproctología, así como medicamentos específicos para controlar la enfermedad inflamatoria.

No todas las personas que presentan un absceso o una fístula tienen enfermedad de Crohn.

¿Cuándo acudir a valoración médica?

Es recomendable solicitar atención cuando aparece dolor o inflamación cerca del ano, especialmente si existe secreción purulenta o episodios repetidos.

También debe valorarse una herida que no cicatriza después del drenaje de un absceso o que continúa produciendo secreciones.

La valoración temprana permite determinar si existe una infección que debe drenarse, una fístula que requiere cirugía o alguna otra enfermedad anorrectal.

Atención especializada en Playa del Carmen

En la Clínica Digestiva de la Riviera Maya (CDRM) contamos con atención en Cirugía General y Digestiva, así como con el apoyo de Coloproctología para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades anorrectales.

El objetivo es ofrecer una valoración completa, determinar cuándo es necesaria una intervención quirúrgica y seleccionar el procedimiento más adecuado para cada paciente, procurando siempre la seguridad y la preservación de la función anal.

No ignores un absceso que reaparece o una herida cerca del ano que continúa drenando. Una revisión oportuna puede evitar infecciones repetidas y facilitar un tratamiento definitivo.

Clínica Digestiva de la Riviera Maya — CDRM

Av. 100 entre calles 30 y 30 Bis, Playa del Carmen, Quintana Roo.

Citas: 984 106 3855 | 984 122 8119

Referencias científicas

  1. Skovgaards DM, et al. Fistula development after anal abscess drainage—a multicentre retrospective cohort study. International Journal of Colorectal Disease. 2024.

  2. ASCRS. Clinical Practice Guidelines for the Management of Anorectal Abscess and Fistula-in-Ano. 2022.

  3. European Society of Coloproctology. Guidelines for diagnosis and treatment of cryptoglandular anal fistula. 2024.

  4. Pescatori M. Surgery for anal fistulae: state of the art. International Journal of Colorectal Disease. 2021.